domingo, 19 de enero de 2014
Heladero
sábado, 18 de enero de 2014
Pedaleo
jueves, 6 de junio de 2013
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Cristian A.
Cristián está sentado en la ventana que da al estacionamiento. Las piernas le cuelgan para afuera y él las balancea un poco. Las hace chocar contra la medianera. Chocar y rebotar. Atrás, apoyado en la pared, está el cuadro que terminó hace unas horas. El último de la serie.
Cristian se miró pintado en la tela, colgando, vivo, de una cruz enorme que emerge del mar. El del cuadro mira sin remordimiento, con una sonrisa de bocas cerradas que el de afuera del cuadro nunca tiene. El es de esa gente que se ríe con la boca toda abierta, toda llena de risa que se cae como baba de perros grandes con hambre. Su torso, el del cuadro, un poco torcido sobre sí mismo. Al lado suyo una sirena lo abraza, apoyando una mano sobre sus pectorales marcados por los aparatos. Al otro lado, una princesa lo toca y lo enreda con su pelo que se cae de a metros. Cristian se mira en el cuadro y entiende lo que significa la palabra fin. Va hasta la ventana y entonces es ahora, con las piernas colgando. Todavía hay luz de día. La última luz de un día que es de esos que parece que ya hubiera sido vivido por otro, por alguien que nos contó de los cielos este día. Desde el cielo del cuadro, atrás de Cristian y escondido del cielo de todos, la cara del Che Guevara pintada en colores fluo lo mira. Le mira la espalda, también marcada por los aparatos.
Con los ojos ahora cerrados, Cristian, el que está sentado, se imagina que Cristian, el del cuadro, se baja de la cruz para bajar al Che del cielo. Ve su brazo estirado que se acerca a la cara del revolucionario. Lo acaricia. El Che acerca su boca a la de Cristian y le dice algo sobre las armas.
domingo, 9 de enero de 2011
Cuando miré por la ventana estábamos a la altura del hipódromo de Palermo. En la pista había cinco o seis jockeys bareando los caballos para las carreras de la tarde. Me acordé de mis dieciseis años, cuando me escapaba del colegio para ir a ver los bareos en el hipódromo de San Isidro. Estar en ese espacio enorme y sin techo era como haber llegado a algún tipo de tierra prometida donde no pensar. Solamente la velocidad en las patas de los caballos y el tamaño ridículo de los Jockeys y el polvo que volaba cuando había viento y los árboles de alrededor de la pista y las voces agudas de los jinetes y esas cosas que por esos años a mí me hacían bastante felíz. El tren frenó. Salí y bajé hasta el subte. LLegué a Constitución. El tren iba lleno de familias numerosas, mujeres gordas que transpiraban hartazgo o acostumbramiento. Chicos y chicos y más chicos y los hombres. Me abstraje mirando cómo se mezclaban los colores de la ropa y cómo las voces de la gente se salían de las bocas como el humo de pensamientos que se vacían en la oralidad.
martes, 7 de septiembre de 2010
Los apuntadores
Ciudadano Luis: ya sé Miguel, pero que querés, el frío me pone ermitaño.
Apuntador Miguel: sí, ahora estás ermitaño, pero en unos días cuando llegue la primavera y veas a todas las minitas en la calle, con musculosas y polleritas vas a mirar alrededor y vas a estar solo, y ahí te vas a querer tirar un tiro en las pelotas.
Ciudadano Luis: No seas tan drástico. Me lo decís como si no hubiera hecho todo lo posible para que la cosa funcionara.
Apuntador Miguel: Justamente, no hiciste todo lo posible. Te tomaste el palo con la cola entre las patas, y esa cola te va a salir del otro lado y va a ser lo más parecido a una pija dura que veas en tu vida.
Ciudadano: ¿Podrías no ser tan bestialmente gráfico? A veces siento que lo mejor para los dos sería que me cambiaran de apuntador. No cuestiono el contenido pero la fooorma... ¿Entendés la diferencia?
Apuntador Miguel: Sí, claramente Luis. La diferencia madre es que yo tengo sangre en las venas y vos no. Mirá, mi función no es insistirte ni convencerte de nada. Yo solamente te puedo recordar situaciones pasadas, muy similares a la actual, para que vos veas que seguís siendo el mismo gil de siempre, y que eso te va a sacar verrugas en el culo.
Ciudadano Luis: ¿Entonces qué hago?
Apuntador Miguel: Yo no puedo decirte qué hacer. O a ver, como poder podría, pero no me toca, y además vos sos medio pendejo, si te digo hacé esto vas a hacer lo otro y yo para pendejos ya tengo los míos. (Hace una pausa y sigue) Te tiro las situaciones pasadas de características similares a la actual a ver si te iluminás un poco:
(El apuntador Miguel saca de su maletín una carpeta que dice: Ciudadano Luis. Relaciones afectivas no efectivas. Lee en vos alta)
Situación 1: inicio de la relación, verano de 2007. Final abrupto e injustificado, invierno de 2008.
(El apuntador lo mira por sobre sus anteojos)
Apuntador Miguel: Relativo a tu condición de cagón. (Sin darle tiempo a responder prosigue). Nombre de la pareja: Mariana, estudiante de letras. Linda mina, te hace reír. Un poco temperamental. Tajante al momento de las decisiones pero justa. Exigencias medidas, buen trato. Situación detonante de la separación: ella se va a un congreso de letras en Rosario, te avisa desde el micro porque "le salió la beca de estadía y no lo supe hasta hoy". El ciudadano siente falta de compromiso en la relación y una defectuosa comunicación. Por mensaje de texto le comunica a Mariana que se siente poco acompañado. Hablemos a tu vuelta. A la vuelta un monólogo donde el ciudadano arguye distintas idioteces, y que mejor estar solos en lugar de una falsa realidad de pareja. Mariana te mira con los ojos muy abiertos, toma un sorbo de café y ¿estás bien vos? ¿Te das cuenta lo que me estás diciendo? Este congreso estaba buenísimo para mí, y no sabía que iba a poder ir. ¿No te parece un poco injusto? El ciudadano calla. Prefiero que sea ahora que todavía no estamos tan enganchados. Mariana entiende todo, deja cinco pesos para el café. Se levanta y se va. Nunca más se ven.
(El apuntador vuelve a mirarlo por sobre sus anteojos. El ciudadano calla con un gesto de chico injustamente mal señalado).
Situación 2: Inicio de relación, octubre de 2008. Finalización más injustificada que la anterior, agosto de 2009. Nombre de la pareja: Lara. Actividad: jefa del área de relaciones laborales de una fábrica de aceites. Datos especiales señalados: 5 años mayor que el ciudadano.
(interrumpiendo la lectura)La verdad que a las minas no las entiende ni su vieja eh, porque esta también, linda chica, una vida casi hecha y encargarse de un tibio como vos...
Ciudadano Luis: Mirá Miguel, yo hago lo que puedo.
Apuntador Miguel: No Luis, casi nunca en la vida hacemos lo que podemos. En general hacemos lo que sabemos hacer, lo que nos enseñaron, lo que es más fácil o rápido, lo que vimos hacer a otros el día anterior. Pero de ahí a lo que realmente podemos hay una distancia gigante. Bue... sigo.
Situación detonante: el ciudadano propone a la pareja convivir en su casa porque siento que nos entendemos y que estaría bueno dar ese paso. Sí Luis, a mí me encantás, pero creo que necesito un poco más de tiempo. ¿Tiempo para qué? Bueno, no sé, todavía quiero un rato más para mí sola ¿entendés? Levantarme algunas mañanas despatarrada en la cama, pavadas. (En un intento de ser gracioso) Si es por la cama podemos comprar una king. (Ella se ríe enternecida) Sí, de una, a ver, me gusta lo que me decís y es una idea común, pero necesito un rato más así como estamos. ¿Me entendés? Sí, creo que sí. Esa noche el boludito sale con sus amigos y se mueve a una morocha que en sus palabras: "no podía ni recordar su segundo nombre". No contento con esta idiotez, se plantea el desafío aún mayor de superarse, va y se lo cuenta a Lara. Sos un pendejo Luis. Andate. El se va sin intentar nada.
(Pausa en la lectura. Mirada en el papel. Y sigue)
Situación 3.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Idea para teatro breve. Posible título: Ella y el descamisado
Descriptor de escena: En la mitad del escenario hay un hinodoro y una mujer sentada en él. La mujer está desnuda pero un diario muy grande que sostiene con ambas manos delante de sí protege al público de su desnudez. En un gesto rápido o abrupto la mujer se incorpora y grita con la máxima potencia de su voz:
DE: La mujer es hermosa de una manera un poco anticuada. En su teta derecha tiene un tatuaje de Evita y bordeando su pezón izquierdo un hexagrama minúsculo del I Ching que se reitera infinitamente, como se reiteran los pezones, que son circulares. De su cuello cuelga una lupa de metal plateado. Con la mirada congelada en el frente Ella repite como para sí misma con voz casi inaudible:
Acto 2
