lunes, 24 de noviembre de 2008

El suicidio de un oriental


(Historias en la palma de la mano. Yasunari Kawabata)


Cuando cierra Historias en la palma de la mano es 25 de mayo. Es la tarde. Son 27 años sentados en un silencio de papel. Las últimas palabras orientales le caminan entre los dedos de la mano como hormigas de vidrio verde. Las historias son esclavos minúsculos. Lingüísticos. Ya no trataran de escapar. Las tapas cerradas del libro están abiertas hacia adentro, hacia ese lugar espaciado donde las mujeres duermen en lágrimas y los hombres mueren quietos y de rodillas. El peso del libro sobre las piernas hace presión en la cabeza, y las imágenes se apelmazan en un molde intangible. De fondo, la cara del japonés le sonríe enferma. Se escucha su voz. Buscar tan dentro y tan fuera como sea posible esas xerografías que lo moldearon en carne y hueso. Fotos mentales de cualquier tiempo giran sin orden, arbitrarias, y él gira dentro de cada una. Algunas caen sobre la alfombra y el rueda con ellas hasta los pies del escritor. Se escabulle bajo las plantas de los pies descalzos y sube por el interior para cerrarle los ojos por dentro a este hombre muerto y devolverle la paz que le ha robado la vida.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Fábrica y Exposición

Vacía.

La fábrica.

El tiempo
es un rulemán
oxidado.

En las paredes
gigantografías de hombres sin cara
llorando
sin ojos
el individualismo de una época.

Los malditos se fueron.

Dijeron lo justo.

No olvidemos.

Colgados de los flecos
de estas horas
se mezclan pieles
credos
y lunas.
El hombre nuevo
envejeció
en el útero
de la nostalgia,
dicen algunos.
Yo creo,
sin más remedio,
que tomó el tren equivocado
y está volviendo.

sábado, 8 de noviembre de 2008

La Señal

Vamos. Esto es más difícil de lo que pensábamos. Me dijo que era hoy. Esperemos un rato más. Cuando el velador se apague esperamos cinco minutos y entramos. La vieja ya va a estar muerta. No, no sé. ¿Por qué le crees? Porque no falla nunca. Y si no falla por qué no vino él. Porque ya no necesita seguir choreando. Ahora disfruta de pasarle la posta a sus amigos. (Silencio) Nadie puede saber cuándo le toca morirse. Y menos a otro. ¿Qué sos? ¿Cura? No, pero nadie sabe. El sabe. Andá si querés. Yo me quedo. (Silencio. Olavaria al 5XX. Guardamos información por respeto a los protagonistas de la historia. La calle está vacía. Elveladorseapaga). Ahí está. Esa es la señal. Cinco minutos y adentro. Tengo miedo. ¿De qué? De la vieja de la muerte. Yo le tengo miedo a los vivos. Ya te dije. Andá si querés. Yo me quedo. (dosminutos) ¿Cómo es la movida? La puerta se abre fácil. La vieja nunca traba la puerta. Si tiene todo lo que L. (Guardamos información por respeto a los protagonistas de la historia) por qué no traba las puertas. Qué se yo. El miedo traba las puertas. Tal vez no tenga miedo. Una vez adentro subimos hasta la habitación. ¿De la vieja? Si. En el cuarto cajón. Al fondo. En una lata. El collar es para M. (Guardamos información por respeto a los protagonistas de la historia. Silencio) ¿Cuánto hace que choreas? (Silencio) Hace mucho que estaba tranquilo. Pero necesito la guita ahora. ¿Vos? (Silencio) Yo nunca chorree. Todos dicen lo mismo. (tresminutostreinta. Dos hombres vestidos de oscuro casi hundidos en la ligustrina). ¿Cuánto falta? Pará flaco. Tranquilo. Esto es fácil. Tá, pero quiero irme a la mierda. ¿Tenés las linternas? Si. ¿Las probaste? Si. (cuatrominutoscincuenta. Hay cinco escalones hasta la puerta de la casa. Apenas abran la puerta la escalera. Subir en silencio. Nadie quiere despertar a la muerte).

jueves, 23 de octubre de 2008

sucia

Eso es lo que dicen todos cuando me ven venir. ¿Pero saben qué? ¡Jódanse! Y sépanlo: no es ningún problema glandular, no es que no tengo donde bañarme, no es que no tengo para ropa nueva. No. Soy simplemnte una sucia irremediable. Me gusta provocar el rechazo. Me gusta que la gente en el subte se le suba a los talones al de al lado con tal de estar un poquito más lejos de mí. Me gusta dar pena a los que ni se les ocurre pensar que esto mío es un estado sumamente planificado. Me gusta que mis amigos se rían con la boca cerrada cuando llego a un grupo extraño donde provoco estupor con sólo quedarme quietecita. Me gusta ser la artífice de este secretito que tenemos entre nosotros. Necesito esta sensación. Ver las caras de la gente cuando me ven de lejos, con mi cara de princesa buena y ahí me acerco, con mi paso elegante y mi olor repugnante. Ver cómo se les derriten los pómulos en un gesto de asco, primero. Y cuando tratan de disimular lo indisimulable. El asco. El quécarajolepasaaestamina. Tratando de sacarle lustre a su tolerancia de p.v.c. Me gusta verlos sincerarse con ellos mismos. Darse media vuelta e irse en busca de algún bálsamo olfativo. Lo disfruto realmente.

Así que si me ven, sentada sola, en alguna fiesta, no sientan lástima por mí. Sólo tápense la nariz.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Un ole a la locura

Para ser escritor hay que estar completamente loco. O mejor. Para no ser un loco hay que estar completamente escritor. Esto es así. Tener plena conciencia de una infinitud de detalles mínimos. Un almacén entera de recuerdos de psicótico. Que di tres pasos y medio para llegar a la mesa y en el plato las sobras formaban el cuerpo de una nena y que la nena sostiene la piola de una cometa y la cometa que tiene tres ideogramas que en chino quieren decir que en el carnaval del 89 envenenaron al perro negro de la vuelta y la espuma de la boca parecía crema y me daban ganas de comérmela. Se escribe para no terminar chiflado. Para despegarse las sobras mentales como curitas. Para no terminar pintando caras sin ojos en las paredes del cementerio de La Chacarita. Para no andar con la cabeza como un cucú que sale cada hora a cantar las miserias del mundo. Para no terminar la partida antes de comenzarla.

jueves, 16 de octubre de 2008

Cuestión de fe

Creeme.
Es lo último que me dijo.
Ya sé.
Es poco.
No me acuerdo más.
Estábamos cansados.
Estábamos sentados en el cordón de una vereda.
No.
No sé dónde.
Habíamos arrancado en lo de
No.
No sé.
Estábamos sentados.
Ahí en la calle.
No sé que más decirte.
Después no lo vi más.
No.
¿Por qué decís?
No.
YO no lo ví más.
Pero muerto no.
Qué se yo.
Me dijo eso.
Y después no sé.
No me acuerdo.
Si.
Eso me dijo.
La única manera de matar a alguien es olvidándolo.
Se ve que me dormí.
Me desperté con el portero gritándome en la nuca.
Y ya no estaba.
Estaba yo nomás.

lunes, 6 de octubre de 2008

sin t

el mareo del tiempo es peor que la peor borrachera